Una tormenta silenciosa se abate sobre los migrantes en México. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cerró cuatro de sus oficinas más estratégicas en el país y despidió a más de 190 trabajadores, dejando a miles de personas en situación de movilidad sin apoyo ni refugio institucional.
El motivo: una crisis financiera devastadora que redujo en un 60% su presupuesto. El golpe ha obligado a apagar operaciones en puntos clave como Palenque, Tenosique, Guadalajara y Chiapas, donde cientos de solicitantes de asilo quedaban varados, esperando una oportunidad que ahora parece más lejana.
“Tuvimos que tomar decisiones muy duras”, confesó Giovanni Lepri, representante de ACNUR en México, en un mensaje que expuso la gravedad del problema y anticipa una emergencia humanitaria silenciosa.
México sigue siendo uno de los 10 países con más solicitudes de asilo en el mundo, según el propio informe de ACNUR, con 80,000 peticiones registradas en 2024, principalmente de Cuba, Haití, Venezuela, Honduras y El Salvador. Pero ahora, esos solicitantes enfrentan un laberinto sin salida clara.
Organismos civiles y religiosos alertan que esta retirada desarma redes de apoyo fundamentales, muchas de las cuales ya sufrían recortes desde el sexenio anterior por la congelación de fondos estadounidenses.
“Esto tendrá un impacto muy fuerte para las comunidades migrantes… se tendrán que buscar alternativas urgentes”, advirtió José María García, director del albergue Juventud 2000 en Tijuana.
El éxodo continúa, pero los puentes caen. ACNUR se apaga en México, y la pregunta ahora es: ¿quién tomará su lugar?





