La gran apuesta de Hollywood por el universo de la Fórmula 1 llega con todo el poder del marketing, pero poca tracción narrativa. Brad Pitt regresa a las pistas —y a la pantalla grande— como un piloto veterano que quiere demostrar que la edad no frena la adrenalina, pero lo que realmente frena aquí es el guion.
“F1” se siente como un déjà vu de «Rocky», con casco y motor, y por momentos como una versión glamorosa de «Top Gun», pero sin el corazón. Dirigida por Joseph Kosinski y producida por Jerry Bruckheimer —el mismo dúo detrás de Maverick—, la cinta junta estrellas (Pitt, Bardem, Idris, Condon), tecnología de punta y escenarios reales de la F1… pero nada logra encender del todo el motor de la historia.
La película corre, sí, pero en círculos. Explosiones, tomas espectaculares, choques y adrenalina están bien presentes, pero la profundidad emocional y los temas actuales del deporte apenas rozan la superficie. El sexismo, el racismo y las tensiones políticas del automovilismo profesional brillan por su ausencia o se tratan de forma superficial. Incluso personajes femeninos y secundarios clave quedan en el olvido tras unos minutos en pantalla.
¿Vale la pena verla? Si lo tuyo son las escenas de carreras, los encuadres perfectos y el carisma inevitable de Brad Pitt, probablemente sí. Pero si esperas una historia con fuerza, impacto o algo que no hayas visto antes, quizás salgas del cine sintiendo que esta carrera… ya la habías visto correr.





