En una votación que sacudió al sector productivo, el Senado aprobó una reforma que modifica 1,463 fracciones arancelarias y que impactará directamente a 17 industrias clave en México. La medida, que algunos ya comparan con la política comercial del expresidente estadounidense Donald Trump, marcará un giro en la estrategia económica nacional al encarecer la importación de una amplia lista de productos provenientes principalmente de Asia.
Con 76 votos a favor, cinco en contra y 35 abstenciones, el nuevo paquete arancelario entrará en vigor el 1 de enero y se estima que generará una recaudación cercana a los 52 mil millones de dólares.
¿Qué sectores sentirán el impacto?
La reforma alcanza prácticamente todos los pilares manufactureros del país. Entre los sectores más afectados están:
Autopartes y automóviles ligeros
Industria del vestido y textil
Muebles y calzado
Siderurgia y aluminio
Plástico y papel
Electrodomésticos
Juguetes y cosméticos
Vidrio, remolques y motocicletas
Según el legislador Miguel Ángel Salim, 316 fracciones que antes no pagaban arancel ahora sí lo harán, mientras que cientos más verán aumentos que podrían llegar hasta el 50%.
¿De dónde vienen los productos afectados?
El paquete arancelario apunta principalmente a países asiáticos:
China, Corea del Sur, India, Vietnam, Tailandia, Indonesia y Emiratos Árabes Unidos.
Sin embargo, también incluye mercancías de Brasil, Nicaragua y Sudáfrica.
Este cambio representa un reajuste profundo para cadenas de suministro que dependen de manufactura externa, especialmente en autopartes, juguetes, electrónica y moda.
Aumentos relevantes por industria
Los nuevos aranceles modificarán notablemente los precios de ingreso:
Autopartes: de 0–20% a 7–50%
Vestido: de 20–25% a 25–35%
Plástico: de 0–35% a 10–35%
Juguetes: de 10% a 30%
Siderurgia: de 0–25% a 20–50%
Electrodomésticos: de 15% a 30%
Estos ajustes podrían reflejarse en incrementos al consumidor final y en presiones adicionales para las empresas que dependen de insumos importados.
¿Qué significa para México?
La reforma marca un cambio significativo en la política comercial: mayor protección a la industria nacional, sí, pero también un potencial encarecimiento en múltiples cadenas productivas y, eventualmente, en precios al consumidor.
El debate apenas comienza.





