Un robo exprés en la Galería Apolo del Museo del Louvre ha sacudido el mundo del arte: en menos de siete minutos, una banda profesional forzó una ventana, accedió al segundo piso y se llevó varias piezas históricas de la colección de joyas reales francesas. Las imágenes de la operación —un camión con escalera, una cortadora de disco y una huida medida al detalle— evidencian que no se trató de un atraco improvisado sino de un golpe planificado y ejecutivo.
Cómo lo hicieron
Según las autoridades, los asaltantes llegaron en un vehículo dotado de una escalera telescópica, la colocaron en la fachada, subieron al segundo piso y abrieron una ventana con una cortadora. Entraron a la galería, rompieron o abrieron dos vitrinas y se llevaron ocho piezas —diademas, collares, broches y pendientes— que pertenecieron a familias imperiales del siglo XIX. En la huida, los ladrones intentaron incendiar su vehículo, aunque fuentes del museo indican que un empleado evitó el incendio.
Qué se llevaron (y qué se recuperó)
Entre los objetos robados figuraban piezas vinculadas a la emperatriz Eugenia y a reinas del siglo XIX: tiaras, una corona con incrustaciones de diamantes y zafiros, collares y pendientes de valor histórico incalculable. Una de las coronas —la de la emperatriz Eugenia— fue localizada cerca del museo con daños, lo que sugiere que parte del botín pudo haberse desprendido o descartado durante la huida.
Por qué preocupan estos robos
Las joyas, a diferencia de pinturas famosas, tienen mercado en el mercado negro: pueden venderse por piezas, fundirse, modificar o cortarse para dispersar su rastro. Los expertos señalan que, aunque la venta final pueda no alcanzar el valor histórico del objeto, el dinero que generan sigue siendo relevante y difícil de rastrear. Además, estos golpes muestran una tendencia: bandas organizadas que optan por piezas pequeñas pero valiosas, fáciles de transportar y convertir en efectivo.
Reacción institucional y medidas urgentes
El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, calificó la banda de “profesional” y reconoció la necesidad de reforzar la seguridad de museos y colecciones regionales. El Ministerio de Cultura indicó que las alarmas funcionaron y que el personal del Louvre aplicó protocolos de protección y atención a visitantes, pero el hecho ha reabierto el debate sobre vulnerabilidades en espacios patrimoniales, especialmente ante la creciente audacia de grupos criminales.
Contexto histórico: ¿por qué estas piezas importan?
Aunque gran parte de las joyas reales se perdieron o vendieron tras la Revolución francesa, algunas piezas del siglo XIX sobrevivieron y pasaron a colecciones públicas. Las piezas sustraídas pertenecían a familias vinculadas a Napoleón y a la monarquía de julio, por lo que no solo tienen valor material sino también un peso patrimonial y simbólico para la historia francesa.
El reloj corre: la carrera por recuperar las piezas
Las autoridades advierten que si no se localiza rápidamente a los responsables, las piezas pueden desaparecer: fragmentadas, cambiadas de manos o sacadas del país. La dispersión y transformación de joyas es habitual en este tipo de delitos, por lo que la cooperación internacional y la presión sobre redes de compraventa clandestina serán claves para recuperar el botín.





